Naturaleza y juego al aire libre en 6 libros infantiles

15/03/2019
  • He de reconocer que leer Los últimos niños en el bosque, de Richard Louv, publicado por Capitán Swing, me hizo reflexionar mucho sobre el tipo de infancia que están viviendo nuestros dos pequeños y su relación con el juego al aire libre. Resulta descorazonador constatar la enorme separación que existe entre los niños y la naturaleza, por lo que la llamada a la acción que realiza el libro desde el propio subtítulo, «Salvemos a nuestros hijos del trastorno por déficit de naturaleza», me pareció uno de los objetivos prioritarios a tener en cuenta en su educación. 

    Resulta revelador leer sobre los estudios que vinculan nuestra salud mental y física con nuestra relación con la naturaleza. Tanto es así que los estudios realizados sugieren que la naturaleza podría resultar útil como terapia para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el trastorno más diagnosticado en la infancia y adolescencia. De hecho, el autor considera incluso que el TDAH puede ser un conjunto de síntomas agravados por la falta de exposición de los niños y niñas a la naturaleza.

    Y es que, tal como señala Katia Hueso, en su recomendadísimo libro Jugar al aire libre, los niños de hoy en día «son sometidos a un verdadero arresto domiciliario». Ya sea por el miedo de los padres a que los pequeños jueguen solos, se hagan daño o se ensucien, o lo difícil que resulta incluir el juego en sus apretadas agendas diarias, lo cierto es que cada vez son más los niños y niñas que a penas tienen tiempo para jugar libremente en la naturaleza.

    Según señala Ken Robinson en su libro Escuelas creativas, en la educación normalizada el juego es considerado como algo más que una pequeña distracción, un complemento totalmente prescindible, ya que lo importante es estudiar y aprobar exámenes. Pero en realidad, como defiende el propio autor, el papel del juego es fundamental. Y para demostrar la importancia que tiene el juego libre en la vida de los niños, y, en general, en todas las etapas de desarrollo, se basa en los estudios sobre el juego que ha realizado el profesor e investigador de psicología Peter Gray. En su libro Free to Play, Peter Gray defiende que el juego libre es el medio principal a través del cual los niños aprenden a resolver problemas, a manejar sus vidas, a llevarse bien con sus compañeros y a gestionar sus emociones. Y es que, según señala, los niños «están concebidos, por naturaleza, para jugar y explorar por su cuenta, al margen de los adultos. Necesitan libertad para desarrollarse; sin ella, sufren. El impulso de jugar libremente es un impulso biológico básico».

    Lecturas inspiradoras

    Así pues, tras empaparnos de estas inspiradoras lecturas sobre naturaleza y juego libre y constatar la gran necesidad que tienen los pequeños de estar y jugar al aire libre, nos paramos a analizar cómo se plasman estas ideas sobre juego libre y exposición a la naturaleza en los álbumes ilustrados que teníamos en casa. La verdad es que ahora estamos mucho más atentos a estos detalles y mucho más sensibilizados con el tema, así que nos alegramos cuando descubrimos que entre los libros que leemos prácticamente cada día había mucha más naturaleza y juego libre de lo que pensábamos. Por tanto, os presentamos aquí algunos de los libros que más nos gustan y que cuentan con alguna o varias de estas características:

    • Sus personajes juegan al aire libre gran parte de su tiempo sin la intervención de un adulto.
    • Existe grandes dosis de contacto con la naturaleza.
    • La naturaleza y el juego libre facilitan la interacción entre iguales y les ayudan a resolver sus problemas.

     

  • El héroe del juego libre 

    La serie de libros de La ballena –formada por los títulos La ballena, La ballena en invierno y El pájaro de la abuela– ilustrada por Benji Davies y publicada por Andana Editorial, es un éxito en casa. Noé, el protagonista de los tres libros, es nuestro héroe de juego libre en plena naturaleza. Lo primero que nos impacta, a los papás, claro está, es que Noé no tiene juguetes. Sabemos que tiene una bicicleta y que le gusta mucho pintar, pero el resto del tiempo lo dedica a pasear por la playa con su cubito rojo y su pequeña red de pesca, y a maravillarse con todos los elementos que encuentra a su paso (cangrejos, estrellas de mar, conchas, piedras… o una incluso ¡una pequeña ballena!). En su caso, no interacciona con otros niños y su padre pasa mucho tiempo fuera de casa, así que está solo habitualmente, pero esto no supone un impedimento para que Noé explore la naturaleza sin ningún reparo. En la tercera entrega, en El pájaro de la abuela, vemos que, después de haber vivido una apasionante e intrépida aventura en solitario y haber sido ayudado por su abuela, también comparte en compañía de esta los descubrimientos de la naturaleza –salvan a unos pajarillos que han sufrido algún percance después de la tormenta– y descubre y comparte nuevas maravillas de la naturaleza con ella.

  • Gestionando las emociones en la naturaleza

    Otro de nuestros preferidos de Benji Davies, ilustrado por él y escrito por Linda Sarah, es Grandes amigos. En este caso se trata de una preciosa historia de amistad que se desarrolla en el cerro Súbito. Allí suben Bir y Eto con sus cajas de cartón. Allí se convierten en reyes, soldados, astronautras o piratas. Un día se une a ellos, Chu, un chico nuevo cargado también con una caja de cartón. Juegan los tres juntos, pero Bir se siente raro, preferiría que nada hubiese cambiado y mantener su amistad en exclusiva con Eto, así que decide no volver a salir con sus amigos. Eto y Chu no van a permitir que Bir se quede solo, así que deciden construirle una cosa… una cosa ¡ESPECTACULAR! que devolverá a Bir las ganas de vivir e imaginar mil y una aventuras en la colina.

    En Grandes amigos se da la combinación perfecta entre juego libre y naturaleza. Los tres protagonistas viven la naturaleza de forma plena y desarrollan sus juegos con elementos desestructurados. En este espacio libre, los pequeños resuelven sus conflictos, descubren nuevas emociones y gestionan los conflictos de una manera envidiable: con imaginación, creatividad y mucho respeto. En definitiva, un ejemplo extraordinario de libro que da cuenta de cómo se gestionan las emociones y cómo se desarrollan los pequeños en la naturaleza y a través del juego libre. 

  • Cabañas en los árboles: juego sin control de los adultos

    La tribu que apesta, escrito por Elise Gravel e ilustrado por Magali Le Huche, editado por Litera Libros, es un canto a la libertad y un canto de amor por la naturaleza. Esta pandilla de niños y niñas pestilentes viven con los animales en unas cabañas en las ramas de los árboles. Cazan, pescan, hacen fuego y se orientan con las estrellas. Reciclan los residuos que encuentran en el río y hacen pelotas de fútbol con las bolsas de rejilla de las cebollas. Obviamente, no necesitan a los adultos, porque se apañan solos perfectamente. Yvonne Carré es la directora del orfanato en el que vivía esta tribu un tiempo atrás y ha construido una lavadora gigante para lavar a los pequeños. Y es que Yvonne Carré está empeñada en que la tribu que apesta vuelva a su orfanato y que los pequeños vivan allí limpios y de forma ordenada, así que ingenia mil y una maneras para conseguirlo. Una de las formas que utiliza para engañarlos es comprando juguetes, pero la tribu prefiere jugar con su balón de fútbol hecho con una rejilla y relleno de hojas, ¡bien! 

    Al final consigue capturar a algunos miembros de la tribu, pero, Fanette Ducoup, la jefa de la tribu, logrará salvar a sus compañeros y devolverlos al bosque, donde son felices y autosuficientes. La verdad es que no hace falta añadir mucho más: conocer a niños y niñas que construyen cabañas en los árboles, que saben hacer fuego y que se orientan con las estrellas no es algo que una haga todos los días, así que no os perdáis esta oportunidad.

  • Cómo (no) pisar un charco: juego en la naturaleza

    ¿Creéis que en el mundo habrá algún niño o niña que piense que saltar en los charcos no es la cosa más divertida que existe? A los adultos nos fastidia que se mojen las zapatillas –si no nos ha dado tiempo a calzarlos unas katiuskas– o que se mojen la ropa o nos salpiquen a nosotros, pero solo hay que mirar su cara de felicidad para que todos estos detalles dejen de tener importancia. Y si alguien no lo ha vivido, o si simplemente quiere revivir este momento tan especial, solo tiene que leer Nueve formas de no pisar un charco, escrito por Susanna Isern e ilustrado por Maria Girón, y publicado por la editorial Takatuka.

    Tras una tormenta, la protagonista de esta historia sale de casa con unos zapatos relucientes y unos calcetines blancos. La calle está repleta de charcos, así que la narradora presenta diferentes formas de no pisar un charco. La primera es taparse los ojos y los oídos y esquivarlo, pero como es la más aburrida, queda descartada. La técnica del compás, el salto del canguro, la tabla-puente, el columpio (esta última es la favorita de los soñadores... precioso) y así hasta nueve formas distintas para no pisar un charco. Avisamos que en algún momento alguna falla, pero nos alegramos mucho de que este libro no tenga un final feliz ;) 

  • Mientras hacíamos esta pequeña recopilación de álbumes ilustrados con grandes dosis de juego libre y naturaleza nos llegó esta novedad de Combel editorial:

    12 cosas por vivir antes de hacerte mayor, escrito por Teresa Franquesa e ilustrado por Olga Capdevila. Se trata, como indica su título, de 12 propuestas de actividades para hacer al aire libre: pisar charcos, enterrarse bajo la hojarasca del bosque, hacer volar una cometa, jugar con la nieve, etc. En realidad el libro es un pretexto para ponerse en marcha, dejar las pantallas, salir al exterior y vivir la naturaleza en primera persona, así que podría ser un buen comienzo para aquellas familias más reticentes con pasar tiempo al aire libre y a las que les gustaría hacer una cambio.

    El libro contiene una carta dirigida a los papás y las mamás: 

  • Queridos adultos: Este libro invita a los niños a conectar con la naturaleza y a disfrutar de ella con todos los sentidos.
  • Esta carta, en la que se hace referencia al «trastorno por déficit de naturaleza» del que habla Richard Louv en su libro Los últimos niños en el bosque, permitirá reflexionar a las mamás y a los papás sobre la enorme desconexión que existe hoy en día entre los pequeños y la naturaleza y de la que hemos hablado a lo largo de este artículo. Por otra parte, el libro trae un calendario para apuntar la fecha, el lugar y algún recuerdo de cada una de las experiencias que se proponen. Lo ideal sería que este libro funcionase como el empujón necesario para que las familias tomen conciencia de lo necesaria que es la naturaleza en nuestras vidas, y que las experiencias no se quedaran en anécdotas de un día concreto sino que se convirtieran en actividades habituales de cada estación.

    Así que adelante, apaguemos las pantallas, levantémonos del sofá, cerremos los libros y convirtámonos en Noé, en Bir, Eto y Chu, en la Tribu que apesta, en la niña que salta charcos y tantos otros niños y niñas que viven la naturaleza y el juego al aire libre de forma habitual.

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