El mapa de mi cuerpo
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Selección Librería Encantada · Álbum ilustrado
Agujeros de la nariz, costras y tetas: los libros que hablan de tu cuerpo sin pelos en la lengua
Hay libros que van directos al grano. Sin eufemismos, sin diminutivos, sin ese tono condescendiente que los niños detectan enseguida —y que los aburre al instante. La colección El mapa de mi cuerpo, del autor japonés Genichiro Yagyu y publicada en España por Mediavaca, es exactamente eso: seis libros que hablan del cuerpo humano con precisión, con humor y con un respeto enorme hacia el lector, tenga 4 o 44 años.
Los seis títulos
Agujeros de la nariz
La primera instrucción del libro es clara: ábrelos bien. Y antes de que pase una página, ya hay una ilustración de personas mirando al cielo enseñando sus fosas nasales al lector, con una advertencia dirigida a uno de ellos: "Oiga usted, el del bigote, no es necesario que abra la boca." A partir de ahí, el libro compara tamaños, explica por qué las focas y los hipopótamos pueden cerrar sus agujeros para no tragar agua —nosotros también podemos, pero no tanto— y aborda el tema de los mocos con toda la seriedad que merecen. La última imagen es una calavera leyendo el libro. Al pie: "Cuando los agujeros de la nariz se ponen así, es el fin." Humor negro, rigor científico y una norma básica que ningún niño cumple pero todos deberían: no meter nada ahí dentro.
Plantas de los pies
Resulta que tus pies se parecen más a los de un orangután que a los de cualquier otro animal. No porque sean grandes ni peludos, sino porque —como los suyos— pueden agarrar cosas pequeñas con los dedos: un lápiz, una goma, el mando a distancia que se ha caído al sofá. A partir de ahí, el libro despliega todo lo que hacen los pies sin que nadie se lo agradezca: sentir la arena, detectar el frío del suelo a las tres de la madrugada, aguantar el peso de una vida entera. Y termina con una petición que ningún otro libro se ha atrevido a hacer: píntate los pies y estámpalos en la última página. Porque algunos libros se leen. Este también se pisa.
Tetas
Pocos libros para niños se atreven a usar esta palabra en la portada. Y los que lo hacen suelen rodearla de eufemismos, de pudor o de ese tono médico que lo hace todo un poco aburrido. Este no. Yagyu habla de tetas como hablaría de cualquier otra parte del cuerpo: con curiosidad, con precisión y sin hacer ningún drama. Explica cómo son, cómo se desarrollan, cómo funciona la lactancia. Y cuando parece que el libro ya ha terminado, aparece una carta del Dr. Makoto Yamada dirigida a quienes se criaron con biberón. "Aunque no hayas tomado leche materna, has ido creciendo fuerte y saludable hasta convertirte en el fantástico niño o en la maravillosa niña que hoy eres." Un libro que empieza diciendo una palabra que incomoda a los adultos y termina abrazando a los niños.
Dientes
El libro arranca con una muela picada y no tiene ninguna piedad. Explica con detalle lo que ocurre si no vas al dentista —y duele solo de leerlo. Después viene la ciencia: cómo son los dientes de los niños, por qué caen, en qué se diferencian de los del adulto. Y la gran revelación: todos estos años hemos estado cepillándonos mal. Yagyu distingue entre el fris fris fris correcto y el FROS FROS FROS que no limpia absolutamente nada. El libro cierra con una frase que tiene más autoridad moral que cualquier campaña de salud dental: "Si conseguís hacer estas dos cosas, seréis unos niños muy buenos."
Costras
¡Qué costra más chachi! ¡Me la voy a arrancar! Así empieza, y así plantea el conflicto central del libro: la costra pica, tiene una textura imposible de ignorar y todo en ella invita a arrancarla. Pero no se toca. ¿Por qué? Esa es la pregunta que el libro responde a través de varios niños que comparten sus costras y sus teorías sobre qué están hechas: "Me parece que son porquería", "Es un embutido", "¿Será comestible?", "Es la caca de las pupas." Después llega la respuesta: sangre coagulada. Plaquetas. Fibrina. El cuerpo construyendo una fortaleza para que no entren los microbios. Todo un drama biológico que ocurre justo debajo de esa costra que tanto picaba. Al final desaparece, y el niño dice: "Vaya, creo que ya echo de menos mi costra. ¿Cuándo volveré a tener otra?"
Ombligo
Un niño entra en pánico: ¡Es el dios del trueno! ¡Poned a salvo vuestros ombligos! Así arranca este libro, que convierte la parte más discreta del cuerpo en el centro de una investigación colectiva: ¿qué es exactamente el ombligo? ¿Para qué sirve? ¿Hay que lavarlo? Los niños hacen sus hipótesis, el libro las va respondiendo y al final llega la conclusión más bonita de toda la colección: el ombligo es la prueba de que hemos estado en la barriga de nuestra madre. El vestigio del cordón umbilical que nos alimentó antes de que pudiéramos comer solos. Y el Dr. Yamada cierra el libro respondiendo la gran pregunta pendiente: ¿se puede limpiar el ombligo sin que duela la barriga? La respuesta es sí, con matices. "Mi consejo es que nos abstengamos de hurgarnos."
¿Por qué nos encantan?
Porque Yagyu no intenta proteger a los niños de su propio cuerpo. Trata cada parte —las más glamurosas y las menos— con la misma curiosidad y el mismo rigor. No hay jerarquías: un ombligo merece tanta atención como un diente, y una costra puede ser tan fascinante como cualquier fenómeno natural.
Los libros se mueven en esa zona interesante entre el informativo y la lectura de placer, y eso los hace doblemente útiles: sirven para aprender y para leer. Son perfectos para leer antes de dormir. Y también en el aula, que es algo más difícil de conseguir.
Cada volumen tiene 24 páginas en tapa dura, ilustraciones sencillas y expresivas —pocos colores, mucho blanco— y una tipografía que juega entre lo científico y lo coloquial.
¿A partir de qué edad?
A partir de 4-5 años con acompañamiento adulto. A partir de 6-7, lectura autónoma para lectores valientes. Y para cualquier adulto que quiera releer su propio cuerpo con ojos nuevos —que también los hay, y no son pocos.
Los seis títulos de El mapa de mi cuerpo están disponibles en nuestra web. Puedes comprarlos por separado o hacerte con la colección completa. Te avisamos: es difícil quedarse solo con uno.
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